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viernes, 2 de mayo de 2008

Tantos recuerdos enlatados...

A veces es necesario cerrar un círculo para poder continuar adelante quedándonos tranquilos y sintiendo que hemos hecho bien.

Tengo el defecto ( o la virtud ) de ser muy impulsiva, no sólo en palabras, si no también en hechos. Soy muy retraída para contar a los demás lo que siento hasta que parece que llego a una puerta imaginaria y antes de cruzarla necesito voltearme y gritar desde ella “ que sepas el conocerte me ha hecho bien “

Obvio no me pasa siempre. De hecho creo haberlo sentido sólo con un par de personas. Y lo mas gracioso es que sólo han sido profesores que se cruzaron en mi expediente estudiantil en mi período de colegio o instituto.

Desde hace unas semanas, siento la necesidad de ver a mi profesor de literatura que me dio clase en 1º y 2º de la ESO, el cual me inculcó el amor por la literatura y por la redacción. Por los debates y por la actualidad. Gracias a él, que me creo una seguridad en mi misma he sido capaz de leerme libros como el Quijote, La Celestina, Cinco horas con Mario, El sombrero de tres picos…Involucrarme en la Generación del 28, sentirme amiga de Unamuno, cómplice de García Márquez. Fan incondicional de la literatura rusa y japonesa. Y todo ello, teniendo respeto a lo poco que sé y a lo mucho que desconozco.

Su sistema de educación tan ordenado y tan exigente se mezclaba con sus verdaderas ganas de educar y de enseñar. Cosa que muchos de los demás profesores carecían.

En la graduación del instituto, allá al terminar 2º de bachiller, fue él quien me entregó la orla y me felicitó. De los que estaban como “tribunal” , sólo lo conocía a él, y cuando me iba acercando al altar me hizo una señal para que me acercara a él. Me dio dos besos, me dijo que me deseaba todo lo mejor del mundo, y que había sido una de sus mejores alumnas. Por mis circunstancias personales no lo aprecié, sólo quería terminar aquella pantomima e irme a casa.

Lo curioso es como eso ha quedado escondido en mi memoria. Como una semilla que ahora parece haber germinado y salido a la luz. El momento de la graduación hubiera sido el gran momento oportuno de decirle lo que me había hecho razonar y querer esa asignatura, pero ni la cabeza ni el corazón estaban en funcionamiento en ese momento. Y por lo cual, el círculo no se cerró.

Por un lado pienso que eso estuvo bien. Porque ahora, con 23 años, me veo más curtida, con más experiencia que agradecerle. Y hablo por ejemplo de mi trabajo en la radio, mi participación exitosa ( personalmente ) en el concurso literario, mas conocimientos de literatura… Aunque en el fondo, es por pura impulsividad y sentimiento el motivo por el que necesito decírselo.

El problema viene ahora. Se pre-jubiló poco después de mi graduación por culpa de un ataque al corazón que lo obligó a cuidarse mucho, por lo que en el instituto ya no da clase. No sé si preguntando en secretaría me podrían decir en donde encontrarle, saber si aún se pasa por allí de vez en cuando… Incluso una amiga ( que fue alumna suya también ) me animó a buscar su número de teléfono en la guía telefónica. He aquí otro problema, porque no lo encuentro en ninguna parte, ni páginas blancas, ni amarillas, ni rosas… ni siquiera en los Pelochos esos…
No sé que haré. Pero mientras pienso y espero, los agradecimientos crecen y crecen.