Año nuevo, vida nueva- Eso dicen, ¿no?
Hoy es el primer día del nuevo año. La primera vez que el reloj señala las 23.22 de un martes de 2008. Momentos en los que la gente empieza a ser consciente de que no cumplirá, como siempre, sus propósitos de nochevieja.
Algunos piensan en aprovechar esta entrada de año para cambiar, para modificar, o simplemente retocar algunos aspectos de su vida. Todo parece nuevo, todo parece desconocido.
Un año que se abre ante nosotros, cargado de sorpresas, de trabajo, de alegrías y de decepciones. Todo es como siempre, como todos los años. Así es la vida...
...Así es la vida. Como un ferrocarril viejo y roído surcando el tiempo hacia el país del mañana. Viaja sobre unas viejas vías que ya nadie recuerda donde se encuentra el inicio.
Todos viajamos en él; todos arrastrados por la misma veterana locomotora: la vida.

A través de sus ventanillas observamos distintos paisajes. Todos nos cautivan la atención pero sorprendentemente, a nadie de la misma forma. Supongo que eso es lo bonito de este viaje; ver como a algunos, un paisaje hostil y vacío les llena de cristales los ojos, mientras que otros parecen ausentarse y rezar para que llegue uno alegre y radiante de naturaleza.
El ferrocarril avanza siempre por un camino ya marcado. No se detiene ante imprevistos, ante caprichos o ante cambios en el clima. Únicamente baja su ritmo al llegar a las estaciones.
Cuando una mujer viene y nos regala el billete para este atípico viaje, no nos avisa de su duración, oculta esa información bajo un manto de el material mas resistente que existe: la protección. Pero con el tiempo, todos aprendemos que la vida es corta y que aún así hay baches en el camino. Otras veces, no hace falta encontrarnos con esos handicaps. Basta con mirar una vez mas por la ventanilla y contemplar a las personas que se apean en las estaciones, con un rostro triste, girándose hacia el tren con expresión nostálgica mientras los que seguimos el trayecto dibujamos en el aire con nuestras manos un " hasta siempre. No te olvido... "
Sin embargo, mientras unos descienden, otros poquitos suben al ferrocarril con un olor especial, únicamente cubiertos por esa manta de material invisible. Llegan con un rostro liso y brillante, con un brillo en los ojos que llenan de frescura cualquiera de los vagones.
Y así transcurre el viaje, Todos juntos en este tren. Nadie puede independizarse. Nadie puede escapar. Todos somos reos de él, presos de unas fechas, de unos límites...
... Así es la vida.
Disfrutémosla. Feliz 2008. :)